Un 24 de enero de 2006, con algunas cosas nuevas y otras de toda la vida, Salva Rodríguez partió de su natal Granada rumbo a África en una bicicleta. En ese instante no tenía la menor idea de los cientos de amigos que haría en el camino, de la gente que le ayudaría en los momentos más difíciles, que le brindarían sonrisas, comida… Ha dormido en algunas de las casas más pobres del planeta, también en hoteles de lujo; sabe que el Salva que se fue ya no es el mismo de ahora. Dejó atrás “una madre y muchos amigos, una vida feliz y cómoda, vida que no era la que soñaba cuando era un adolescente”. Antes de emprender esta aventura en la que ya ha cumplido seis años de vida, estuvo dos veces a punto de romper su billete de regreso a España estando de vacaciones veraniegas; una en Venezuela, otra en Polonia. Como bien dice Salva, atrás quedó un profesor de instituto, un sueldo fijo para toda la vida y el paraguas para resguardarse cuando llueva. Se ha convertido en un trotamundos sin casa y de momento, no piensa volver.

Imagínate un chico o chica, que sueña con viajar pero está en su casa indeciso, no sabe si tendrá el valor, le da miedo… ¿qué consejo le darías desde tu propia experiencia personal?

Creo que cuando alguien está indeciso es mejor no tomar decisiones importantes, y un viaje largo es una decisión grande. En mi opinión, una partida sin billete de regreso responde a ‘no poder permanecer más’, no se sienten dudas de lo que se ha de hacer. Soy bastante partidario de la teoría de la escalera, ir de escalón en escalón. Yo recomendaría empezar por viajes cercanos y cortos, ganar confianza, descubrir que el miedo existe sólo en nuestro interior, e ir construyendo su propio camino. He conocido a gente que ha salido afrontando un proyecto que le quedaba largo y que al año han perdido la ilusión por viajar, se quedan atrapados por semanas en el confort de un backpackers sin hacer nada. Habían sido seducidos por la magia de los grandes viajes sin estar realmente hambrientos de ello.

Estás ahora de camino hacia Ushuaia, ¿viajar por Latinoamérica es sentirse un poquito más cerca de casa que hacerlo por Asia o África?

Absolutamente. De hecho, llevo casi 6 meses en México. Todo es cercanía, el idioma, las costumbres, la calidez, todo. Estoy completamente colapsado, me siento en casa.

Y después de América, ¿a dónde vas?

Si todo va más o menos bien, de alguna manera encontraré un barco que me lleve a algún lugar de Europa, tal vez desde Brasil; viajaré un tiempo por Europa, tengo muchos amigos que visitar, también quiero ir en invierno al Cabo Norte noruego, ver las auroras boreales y finalmente regresar a España.

¿Viajar es como una droga? ¿Es un virus que uno se inocula y no se puede desprender de él? ¿Qué crees que tiene que pasarte para volver a quedarte quieto en un lugar?

Tal vez. La novedad constante, la intensidad, conocer a personas de vidas interesantes, todo ello genera felicidad, genera endorfinas. Y cuando uno se detiene, ciertamente el cuerpo parece acusar la falta de estimulación. De cualquier manera, yo aspiro a que este viaje sacie esta necesidad que me había creado y pueda mirar atrás con paz, sin ansiedades por conocer esa esquina de ese mapa, que cuando regrese a casa sea libre para emprender nuevos sueños, sueños que ya se están gestando lentamente. No me gustaría sentirme prisionero de ese virus. Y bueno, para permanecer en un lugar pueden ocurrir muchas cosas, una de ellas es retomar los estudios de Antropología, algo que ahora pienso puedo asimilar con otra perspectiva; o concentrarme de una vez por todas en la música y poderle dedicar horas cada día. Tal vez, una familia. En la vida hay multitud de formas para encontrar la luz, la alegría; viajar no es más que una de ellas, quizás muy llamativa, pero nada más que una de ellas. En mi caso, lo considero una etapa, aunque tal vez estoy engañándome.

¿Tus más allegados saben que eres así feliz y han asumido que esa es tu forma de vida?

Si. Mi madre, en especial, sabe que hago lo que quiero y está muy feliz y orgullosa. Creo que los amigos verdaderos, la gente que realmente quiere, lo hace respetando la independencia de quien aman. Y algunas personas simplemente somos inquietos, libres. Sabemos amar, pero no necesitamos amar; somos sociales y también queremos nuestro espacio y silencio. No nos atamos, no nos comprometemos, pero lo damos todo en el momento y sus circunstancias. Quien de una manera u otra pasa un tiempo cerca de alguien así aprende a dejarlo estar, sabe que si lo agarra demasiado fuerte entre las manos y aprieta, el pez se escurre y salta fuera.

Yo llevo también viajando de forma diferente, ahora puedo trabajar mientras viajo haciendo reportajes para una tele, he pensado muchas veces sobre mi forma de vida y si encontraré una persona con quien compartir mi vida y mi pasión por viajar, ¿te gustaría formar una familia o es algo que si ocurre, ocurrirá y si no, no? ¿el amor te puede encontrar subido a una bicicleta?

Si, es una cuestión que ronda por mi cabeza, pues acabo de cumplir 40. Aunque es difícil que el amor llene todo lo que ocupa una vida nómada. Para los que vivimos disfrutando la novedad constante, la intensidad de la pasión, comprometerse en una pareja con futuro se ve con cierto pánico. No sé cuál puede ser mi respuesta con una pareja estable en la que el paso de los años cierra los espacios para la sorpresa. No obstante, puede ocurrir, no tengo ninguna puerta cerrada ahí, y en principio dudo que sea con una viajera; para mí, viajar está inextricablemente ligado a la soledad.

¿Qué cosas no podrían faltar en tus alforjas?

Bueno, hablando de cosas materiales, no sé si puede ser muy similar el equipaje de un ciclista al de un mochilero. Viajando en bici se lleva una casa encima, y además, varía en función de climas fríos o cálidos; en los segundos, casi todo es prescindible menos una mosquitera. Para aquellos que les guste llegar a lugares remotos y ser autónomos, en mi opinión un filtro de agua es imprescindible. Personalmente, considero que las actitudes con las que viajamos son más importantes que el equipaje, “si quieres viajar ligero de equipaje, deja en casa tus prejuicios y tus miedos” me dijeron una vez.

Viajas solo, muchos lo hacemos, ¿te sientes solo? ¿qué te dice la gente que te encuentras en el camino? ¿piensan que estás loco?

En absoluto me siento solo. La única ocasión en que sentí soledad fue durante los 3 meses que viví en Tokyo, pero viajando, jamás. Para mí el contacto con la Naturaleza está lleno de comunicación, la belleza despierta diálogos dentro de quien la contempla. Bosques, desiertos, glaciares, selvas, animales, flores, todo es un infinito emisor de mensajes; solo hay que despertar la sensibilidad y saber escuchar. Y donde hay gente es muy fácil establecer comunicación, ser invitado a una casa, la bicicleta es una puerta abierta a la interacción. En suma, todo lo contrario, no siento la soledad como algo negativo sino que a menudo la busco. Por supuesto que la gente piensa que estoy loco, pues viven vidas urbanas en donde no hay cabida ni tiempo para esa comunicación con la naturaleza. Desconocen lo que hay más allá de las murallas de su castillo y lo que tienen dentro de ellos mismos, viven completamente abrumados por ruido, por entretenimiento, y el silencio les parece aburrimiento. Para encontrarse con uno mismo y con el mundo, el silencio es la primera llave. Y se necesita tiempo para descubrir ese secreto. Entonces, desde esa perspectiva, para quien vive rodeado de consumismo, anuncios, juguetes y lucecitas, obviamente yo estoy loco.

Si quieres conocer más sobre Salva Rodríguez y sus últimas aventuras puedes visitar su web o comprar su libro “África. Un viaje de cuento”.

the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Consulta mi perfil en G+: Iosu López

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