El inexorable paso del tiempo se hace cada vez más presente cuando me detengo a pensar, en los momentos muertos entre autobuses y colectivos, que llevo ya 8 meses en ruta hacia mi destino final: Bahía Lapataia, Ushuaia. Atrás quedan hasta el momento aventuras, enfermedades difíciles, mi querida familia, nostalgias que uno lleva consigo en los bolsillos de su corazón y la tristeza de haber perdido puede que el mejor amor que he tenido. No voy a negar que continuar el camino se hace en ocasiones complicado, muy complicado. Quizás más por mi lucha con uno de mis peores enemigos -yo mismo- que por las dificultades que el exterior me ha planteado. Muchas veces me ha surgido durante el viaje esta pregunta: ¿Por qué estoy haciendo esto? Cumplir un sueño, superar un reto personal, vivir una experiencia inolvidable, disfrutar de un tiempo para estar conmigo mismo. Las opciones y variables son múltiples e infinitas. Soy feliz haciéndolo, de eso no hay duda.

El trayecto de 18 horas entre Cartagena y Medellín lo recorrimos entre las 17:30 y las 6 de la mañana del día siguiente con la empresa Rápido Ochoa. En las estaciones de autobuses colombianas siempre hay algún listillo que quiere hacer negocio con algún turista pardillo. En Cartagena entablamos conversación con un señor que se ofreció a conseguirnos un buen precio para viajar a Medellín. Conociendo de antemano los precios que nos ofrecían las diferentes compañías -hay mucha competencia y el regateo está a la orden del día-, probamos suerte con nuestro intermediario local quien logró negociar un muy buen precio de 50.000 pesos cada uno por pasaje (el último precio que habíamos conseguido era de 70.000). Evidentemente en esta cantidad estaba incluída la comisión del tipo. Después de toda la noche en un duermevela llegué con Paco e Iván finalmente a nuestro destino.

Desde la misma estación acudimos en taxi al Palm Tree Hostel, una casita de huéspedes muy mona situada cerca del hipermercado Éxito de la Avenida Colombia y a pocos metros de la estación de metro Suramericana. La red del metro de Medellín está compuesta únicamente por una sola línea desde la cual se puede hacer trasbordo al Metrocable. Desde esta especie de teleférico de varias gondolitas colgantes que ascienden hacia el barrio Santo Domingo Savio, sobrevolamos las humildes barriadas populares de Granizal, Andalucía, La Francia o La Esperanza divisando una hermosa vista panorámica del Valle de Aburrá en el que se encuentra emplazada la capital del departamento de Antioquia.

Metrocable

Medellín es conocida como la ciudad de la eterna primavera, y es que hace honor a su nombre celebrando cada año en el mes de agosto la tradicional Feria de las Flores que en este 2007 cumple su quincuagésimo aniversario. Entre las diversas actividades que se organizan destaca el Desfile de Silleteros en el que participan cada año cerca de 500 antioqueños que dan rienda suelta a su creatividad floral engalando la silla que portan a su espalda con más de 60 variedades de flores. Estas coloridas obras pueden llegar a pesar la friolera de 80 kilogramos.

La tradición de los silleteros se origina en el corregimiento de Santa Elena desde el cual bajan cada año hasta la capital cientos de campesinos cargados con sus hermosas sillas. Forma parte del imaginario popular antioqueño la leyenda de que antaño los silleteros solían transportar sobre sus espaldas a personas y mercancías antes de decidirse por las flores como la más preciada de sus cargas. “La tradición real nace a raíz de la figura de la silletera y caminante María La Larga“, comenta Divagante en su artículo del blog viajeros.com. Esta señora transportaba niños sobre su espalda hasta la población de Río Negro convirtiéndose así en símbolo de la fortaleza y el espíritu de lucha que poseen las mujeres de esta tierra. “María y su novedoso sistema de desplazamiento convencieron a muchos campesinos de la región para llevar de esta forma rápida y segura sus flores a la ciudad”, apostilla Divagante. La tradición se convirtió en festejo y el festejo en emblema de la ciudad colombiana.

OBESIDAD ESCULTURAL

La vida de Fernando Botero, uno de los ciudadanos más ilustres de la ciudad de Medellín, ha transcurrido en los lugares más variados del planeta aunque, pese a la distancia, su Colombia natal ha ejercido constatemente una influencia decisiva en su obra. Como no podía ser de otra manera, la capital del departamento de Antioquia tiene dedicado a su hijo predilecto la Plazoleta de la Esculturas, en la que conviven obras como “La Maternidad” o “Señor con sombrero”. Prueba de este amor entre Medellín y Botero es la amplia colección (catorce esculturas, catorce dibujos y 56 pinturas) donada por el artista al Museo de Antioquia. Un total de seis salas albergan algunas de las obras más representativas que este artista colombiano ha donado a Medellín en los últimos 26 años. La Plazoleta de las Esculturas complementa el tesoro cultural de la capital antioqueña transformando el centro financiero de la ciudad en un museo urbano.

Plazoleta de las Esculturas

En otras partes de la ciudad uno se topa mientras pasea con todo tipo de esculturas de Botero como la famosa Gorda (“Torso femenino”), escultura de 4 metros de alto y 4 toneladas de peso, la “Venus Durmiente”, “La Paloma” (una de las tantas referencias en la obra de Botero a la ternura y la libertad), “El Pájaro” situado en el Parque San Antonio y cuyo original sufrió las consecuencias de un atentado perpetrado el 10 de junio de 1995 por la guerrilla que ocasionó 28 muertos (siete de ellos eran niños) y más de 200 personas heridas. Los terroristas colocaron la bomba en la base de la estatua y todavía a día de hoy se puede apreciar el efecto de la deflagración. En el año 2000, el artista colombiano inauguró en la plaza que lleva su mismo nombre una réplica de esta escultura como símbolo de paz.

Botero comienza a definir su característico estilo de formas hinchadas tiempo después de casarse con Gloria Zea, su primera esposa. Antes de establecerse en México durante una temporada a finales de la década de los 50, el artista peregrinó por Europa para enriquecer su técnica estudiando en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, se empapó de arte moderno en Barcelona, tuvo un acercamiento profundo con el arte antiguo y más lejano de las vanguardias en París y dedicó dos años al estudio de la técnica de pintura al fresco en la Academia San Marco de Florencia.

La resaca del carnaval de Barranquilla todavía hacía efecto sobre mi cuerpo dos días después de haber salido de la ciudad natal de Shakira. En Medellín mi actividad como turista se redujo a un par de paseos por el centro financiero y cultural, visitar fugazmente el metrocable y una salida nocturna para conocer la zona de marcha (creo recordar que en los alrededores del Parque Illeras y la zona del Poblado). Hay una cosa curiosa que me llamó la atención mucho en Medellín y no tiene nada que ver con el narcotráfico, el famoso cártel o su fallecido capo Pablo Escobar. Y es que en los supermercados y grandes superficies como el mencionado Éxito puedes financiar tu compra de comida en varios plazos. Eso dice mucho de la situación económica de muchas familias colombianas.

Colombia no deja de sorprenderme. Poco voy a ver de su basta extensión geográfica en los diez días que permaneceré en el país pero no dudo ni un instante al decir que sus gentes son las más amables, hospitalarias y cultas que me he encontrado a lo largo de lo que llevo de ruta panamericana. Próximo destino: Santa Fe de Bogotá, capital de Colombia.

MEDELLÍN

the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Consulta mi perfil en G+: Iosu López

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