Barranca del Cobre

Era lunes 4 de septiembre cuando salí de La Paz en autobús rumbo al puerto de Pichilingue. Desde este lugar parten dos ferries operados por la compañía Baja Ferries que conectan la península de Baja California con el México continental. Uno hace el trayecto La Paz-Mazatlán-La Paz y el otro La Paz-Topolobampo-La Paz. Por el módico precio de 680 pesos (68 dólares) tomé el que me llevaría a Topolobampo, pequeño pueblo costero situado en el Estado de Sinaloa. El ferry llevaba en sus bodegas decenas de coches, camiones y trailers de carga inmensos.

COMIENDO CON UN EX PRESIDIARIO

En la cola de espera para abordar el ferry, entablé conversación con Arturo, señor de unos 50 años nativo de Tijuana cuya profesión consistía en conducir varias veces por semana coches de segunda mano desde la frontera con Estados Unidos hasta La Paz. 1500 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para entregar los vehículos en un concesionario que los vendería a mejor precio. Sentados en el salón del pasaje mantuvimos una larga conversación acerca de viajes, música norteña, narcotraficantes, la historia revolucionaria de México, curas y monjas inmersos en orgías -dijo tener constancia de una en Tijuana hace un par de años y no quise entrar a fondo en el tema-… Llegó el momento de la comida. Mientras comíamos de repente me preguntó: “¿Oye, has estado en la cárcel?”. A lo que respondí que no. “Pues esta comida se parece a la de la cárcel”. Inicialmente se me subieron las pelotas a la garganta. Arturo continuó con su plática. “Hace unos años estuve en la cárcel durante tres meses. Participé en una pelea de gallos, llegó la policía y me detuvieron. ¡Pinches pendejos huey!”, recuerda mientras se mete a la boca un pedazo de filete de ternera reseca.

HEYYYYYYYYY JULITOOOOOOOOO

A eso de las diez de la noche desembarcábamos en el muelle comercial de Topolobampo. Allí nos esperaba un autobús color azul cielo que nos acercó a la terminal de pasajeros para recoger nuestras maletas. Mi destino final era la ciudad de Los Mochis, a 23 kilómetros de Topolobampo, desde donde parte el tren que recorre la hermosa Barranca del Cobre. Una vez recuperé mi maleta busqué un colectivo, ese tipo de autobús desvencijado parecido a los que llevan a los escolares estadounidenses que tanto abunda en las ciudades mejicanas. Me recibió un mozo de maletas al que le faltaba un tornillo pero que resultaba bien gracioso. El trayecto duró algo más de 20 minutos con la radio descargando rancheras, reggaeton, salsa y el mítico tema “Hey!” de Julio Iglesias: “Hey!, que hay veces que es mejor querer así, que ser querido y no poder sentir, lo que siento por ti. Ya ves, tú nunca me has querido ya lo ves, que nunca he sido tuyo ya lo sé, fue sólo por orgullo ese querer…”. Sin duda era el colofón perfecto para una larga jornada de viaje.

CHEPE: HACIA EL INTERIOR DE LA SIERRA TARAHUMARA

Los Mochis (“Lugar de tortugas”) es una ciudad sin apenas historia. De no ser por el famoso y turístico ferrocarril Chepe: Chihuahua-Pacífico pocos conocerían este lugar. Este tren, inaugurado en 1961 después de varias décadas de complicados trabajos, se adentra en la frondosa Sierra Tarahumara y llega 16 horas después de su salida a la ciudad de Chihuahua. 665 kilómetros de recorrido con 39 puentes, 87 túneles y paisajes que quitan el hipo y mutan del árido desierto al montañoso interior del norte de México. Los billetes pueden adquirirse tanto en la misma estación del ferrocarril como en la agencia Viajes Flamingo que se encuentra en los bajos del Hotel Santa Anita. Los precios varían ostensiblemente entre el Expreso de Primera (780 pesos) que sale a las 6 de la mañana y el Económico (aproximádamente la mitad) que inicia el recorrido una hora más tarde. Parece que no hay excesivas diferencias, según me dijeron otros turistas que se subieron en el Económico, entre el Expreso de Primera y este último.

Permanecí un par de días en el Hotel Hidalgo (240 pesos, entre Zaragoza y Prieto) haciendo alguna que otra gestión en la ciudad -internet, correos, compra de utensilios de higiene…- y degusté algunas joyas culinarias como una deliciosa pizza en el local Pizzas Price donde su cocinero me dio sus “más sinceros respetos para Miguel Bosé, Mecano y Rocío Jurado” o el tradicional sope, especie de pizza con base de torta de maíz y una montaña de ingredientes sobre ella que se come con cuchara. Siguiendo con la gastronomía, muy cerca del hotel, a una cuadra más o menos, hay un puesto llamado Hot Dogs Venezia con los perritos calientes más sabrosos que he comido hechos con aguacate, jamón, salchicha, cebolla frita, mayonesa, lechuga y tomate. Las salsas quedan al gusto del consumidor.

Tras pedir un taxi en el hotel a eso de las 5 de la mañana, recogí todos mis bártulos y me fui directo a la estación de ferrocarril. Por delante se abría ante mis ojos uno de los paisajes más bellos de mi viaje por México: La Barranca del Cobre.

Cruzando un lago

Ubicada en lo más profundo de la Sierra Madre Occidental, la Barranca del Cobre se compone de 20 cañones con una profundidad en algunos puntos superior a la del Gran Cañón de Arizona. Por poneros un ejemplo, la Barranca de Urique tiene 1879 metros de desnivel, ahí es nada. Como un reptil serpentea entre sus precipicios el Chepe, considerado por algunos aventureros como “el viaje más dramático en tren del hemisferio occidental”.

Abordo del Chepe

El tren se desliza lentamente por los railes deteniéndose en lugares como El Fuerte, Témoris, Bahuichivo o San Rafael, lugar éste último en el que ya se comienza a notar la presencia de nativos tarahumaras vendiendo artesanía a los viajeros del tren. La siguiente estación es Posada Barrancas y algunos kilómetros más alla, el Chepe se detiene durante unos minutos en Divisadero desde donde se puede ver una espectacular panorámica de la Barranca del Cobre.

Divisadero

Debido a un descarrilamiento a causa de la lluvia, debimos apearnos del tren en esta pequeña población para tomar un autobús en dirección a Creel, mi destino final. Me alojé en Casa Margarita (Avenida López Mateos, junto a la plaza central), excepcional casa de huéspedes con dormitorios compartidos (100 pesos) y habitaciones individuales (unos 250 pesos). El precio incluye desayuno y cena. En ambos casos comes platillos riquísimos y variados. Otra de las particularidades de este hospedaje es que es un sitio ideal para hacer amistades con otros viajeros tanto en la cena y el desayuno como en los tours que realizan para conocer los alrededores por un precio económico. Allí conocí a la pareja de belgas Koen y Argyan, un par de chicas noruegas y un inglés un tanto brasas.

RARÁMURI, CORRE QUE TE CORRE

En esta espectacular sierra habitan los indios Tarahumara. Ellos mismos se autodenominan Rarámuri (gente de piés veloces). Viven en cuevas escavadas en roca volcánica y cabañas de madera de la misma forma en que lo hicieron sus antepasados durante los últimos 500 años.

Una de las cosas más llamativas de estos indígenas es la capacidad que tienen para recorrer largas distancias corriendo. Todavía cazan venados persiguiéndolos hasta dejarlos exhaustos y obligándolos a despeñarse por barrancas en las que previamente han colocado estacas afiladas. Además organizan periódicamente entre aldeas carreras de bolas que llegan a ser de hasta 200 kilómetros y duran dos o más días. La noche anterior cada grupo hace una ceremonia y se masajean los músculos con grasa de borrego. Un jugador de cada equipo arranca pateando una bola hecha con madera de encino mientras sus compañeros le animan. Cada cierto tiempo se turnan la pelota hasta llegar a la meta después de haber atravesado una ruta llena de vericuetos entre las montañas. Las apuestas se hacen con costales de maíz, ropas y animales de granja.

CONOCIENDO LA SIERRA TARAHUMARA

Una vez establecido en Creel era el momento de explorar los alrededores. Tomé la excursión que ofrecía Casa Margarita por 160 pesos. Éramos 9 pasajeros, el guía y el conductor montados en una furgoneta. Nuestra primera parada fue en una casa típica tarahumara escavada en el interior de la roca. En invierno conserva el calor y en verano el ambiente es fresco respecto a la temperatura que hace en el exterior. Allí estaba una señora preparando tortillas mientras sus dos hijos jugueteaban en el suelo polvoriento.

Unos kilómetros más adelante nos adentramos por una pista para conocer las formaciones rocosas del Valle de los Hongos, las Ranas y la Misión de San Ignacio.

Valle de los Hongos

22 kilómetros más allá de Creel, cerca de la aldea tarahumara de Cusárare, se encuentra un fascinante salto de agua hacia el que nos dirigimos atravesando un caudaloso río. Parte del camino había que realizarlo a pie, así que tocaba hacer un poco de deporte.

Camino a la cascada de Cusárare

El trayecto estaba salteado de diminutos puestos de artesanía atendidos por señoras tarahumaras. Tres kilómetros después, el esfuerzo había merecido la pena al contemplar la belleza de este espectáculo natural.

Cascada de Cusárare

Con un nombre tan extraño, a los pies de esta cascada de 30 metros de altura, tras haber descendido hasta su base, salpicado por el agua que desprendía, ya no sabía si se llamaba Cusárare, Curasásare o Cusasásare.

A los pies de la cascada

La excursión terminó de regreso a Creel con una parada en el Lago Arareko (¡osti tú si parece vasco!) en el que encontré este divertido cartel con una seria advertencia.

El recorrido a través de la Barranca del Cobre me hizo sentir que regresaba al comienzo de mi viaje en Alaska cuando me subí a bordo del tren que me llevó de Anchorage al Parque Nacional Denali. La compañía de Koen y Argyan, las cervezas en una cantina del pueblo mientras me tocaban unos mariachis el “Rancho grande” con los decibelios sobrepasados, la conversación con recomendación incluída del recepcionista del hostal -licenciado en literatura- para que leyese “El llano en llamas” de Juan Rulfo y otros tantos momentos me hicieron sentir muy feliz. ¡Qué más puedo pedir! Pues por pedir, haberlo compartido contigo, Edel.


Fotos BARRANCA DEL COBRE

the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Consulta mi perfil en G+: Iosu López

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