Bloggers de viaje en apuros

BLOGGERS DE VIAJE EN APUROS (PARTE 2)

Viajar es una de las mejores experiencias que se pueden hacer en esta vida, pero incluso hasta a los más expertos bloggers de viaje les suceden cosas cuando viajan. Llevarse un buen seguro de viaje nunca está de más, pero nada mejor que aprender de la experiencia de los que más viajan, y hacerse eco de los problemas de algunos bloggers de viaje que un día también estuvieron en apuros durante su aventura.

UNA PIEDRA EN EL CAMINO

bloggers de viaje en problemas

AHORA TOCA VIAJAR
Cristina Romagosa & J.A. Adamuz

Fue el mayor dolor que sentí nunca. Y llegó sin avisar. Cuando estás lejos del hogar, el dolor te hace sentir totalmente solo y vulnerable. No podía creerlo: con recorrer Latinoamérica estábamos cumpliendo el sueño de muchos bloggers de viaje, pero nadie nos dijo que algo en los viajes como la vida, también puede ir mal. El dolor vino del riñón izquierdo, pasó como una descarga a la zona lumbar, continuó por la derecha hasta el estómago: un tremendo y doloroso abrazo que no remitía.

Se trataba de un complicado cálculo renal que me obligó a pasar por el quirófano, en la Ciudad de México. Por suerte viajaba con Cris. Ella me animó, pudo encargarse del papeleo, de hablar con el seguro. Se enfrentó a la diferencia horaria que hacía que todo se retrasara y nos dejara en la incertidumbre de un pasillo de espera. Fue una semana en el hospital. Cuando me dieron el alta, recorrí parte de Guatemala con un catéter doble que me hacía orinar sangre, hasta que volví de nuevo a México para que me lo retirasen.

Todo duró un mes, más o menos. La hospitalización costó cerca de 17.000 euros, por lo que sin el seguro, el viaje se habría acabado y habría vuelto arruinado. Casi dos años después, llegábamos a Ushuaia, el fin del mundo. Aprendimos que en los viajes, como en la vida, puedes encontrarte con una piedra en el camino. Se trata de superarla y siempre continuar porque, ¿quién sabe qué nos espera como bloggers de viaje allá en el horizonte?

INFECCIONES FINAS FILIPINAS

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VIAJES POR EL MUNDO
Luis Yrisarri

Estando en mi segundo viaje en Filipinas durante 3 meses, comencé a encontrarme un poco mal. Tenía algún escalofrío. Era una sensación extraña, parecía que estaba comenzando a tener los típicos síntomas de una gripe, así que me tomé algún paracetamol y aguanté un poco más. Tras unas horas, y de paseo con mi hija pequeña y mi mujer, Helen, por Pandan (un pequeño pueblo de la provincia de Antique en Filipinas), la fiebre aumentó, por lo que decidimos irnos a casa. Su familia (mi mujer es filipina), algo preocupada aunque no más allá de la preocupación que puede suponer una gripe, me dieron un poco de leche de coco, unos plátanos y un paño frío para ponerme en la frente e y así intentar bajar la fiebre.

Pronto comencé a sentir que tenía muchas ganas de ir al baño. Así que cuando voy al servicio y empiezo a orinar de un color anaranjado que de repente se torna rojo, y empezó a salir algún coágulo de sangre…acongojado y con mucho miedo llamo a Helen y le digo, – ¡¡Estoy orinando sangre!! – Ella atónita, pero sin perder la compostura me dice – ¿Estás seguro? Y eso me calmó aunque me asusté, y el acojone fue máximo. En ese momento recordé que tenía seguro médico que había cogido desde España, algo que ya saben que deben hacer todos los bloggers de viaje. Así que llamé, y aunque tuve que esperar un poco para que se pusieran de acuerdo con el hospital más cercano que tenía, ya que éste no pertenecía a su afiliación, pero pude ir e ingresarme durante 5 días en los que estuve a base de antibióticos, suero intravenoso, etc… La broma salió bastante cara, y agradecí el haber viajado con seguro. Al final, tuve una infección de vejiga que en su momento no supieron acertar a que se debió.

SIN SELLO EN EL PASAPORTE

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EL VIAJE ME HIZO A MÍ
Jose & Gloria

O entras ilegalmente en Honduras o te quedas tirado en medio de la selva. Este percance me ocurrió en 2011 cuando viajaba en la parte exterior de una ranchera entre el Salvador y Honduras para cruzar la frontera de Perkin, un paso fuera de las rutas habituales y que está en unas montañas en medio de la selva en la que solo hay un camino de tierra. Pasé la frontera de El Salvador sin problemas y al llegar a la hondureña el funcionario de inmigración que debía sellar mi pasaporte estaba de vacaciones y nadie estaba allí para hacerlo.

La ranchera en la que viajaba quería continuar y el conductor me apremiaba así que tuve que decidirme rápidamente. No había opción, tenía que continuar hacia Honduras y tratar de arreglarlo más adelante o me quedaría incomunicado y a 40 kilómetros del pueblo más cercano.
Le dije al conductor que esperase un minuto y pedí a uno de los dos policías hondureños que estaban en la frontera si me podía escribir en una hoja lo que había pasado a lo que accedió amablemente. Con ese folio con la firma del policía y un sello accedí al país.

Siguiendo las referencias de otros viajeros y bloggers de viajes, al principio no me preocupé demasiado, pero días más tarde traté de regularizar mi situación en la isla de Utila. Allí me dijeron que debía ir a Tegucigalpa y pagar la multa de 120 dólares o sino tratase de salir por la frontera que había entrado. Al día siguiente volví a esa misma oficina y les pregunté a los funcionarios si lo podíamos arreglar el tema “entre nosotros”. Por suerte accedieron a sellar mi pasaporte como si hubiese llegado en un velero desde Guatemala por 10 dólares. Varias veces me he planteado lo que podría transportar el velero en cuestión…

CUANDO TE PICAN DONDE MÁS DUELE

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EL MUNDO OK
Bo Saldaña

Fue al despertar de un 31 de diciembre cuando fui al baño para orinar, y de repente sentí que tenía un gran dolor de cabeza, y uno de mis testículos estaba inflamado. No le di mucha importancia, pensé que era algo momentáneo, pero por la tarde seguía igual y empecé a sentir algo de fiebre, situación que me preocupó, por lo que tuve que llamar a mi seguro de viaje. Me dieron indicaciones de un hospital privado, y me fui a urgencias. Allí pasé una revisión y me hicieron las analíticas de rutina. Recibí el año nuevo en una camilla de un hospital, situación que como podréis imaginar no me importó mucho, porque mi salud estaba por delante de todo.

Estaba alarmado, aunque la tranquilidad de haber viajado con seguro y comunicándome con otros bloggers de viaje hizo que no me sintiera solo. Ellos se ocuparon de asignarme una cita con un urólogo, y este me recetó un tratamiento para así poder continuar mi viaje a Phuket. Y el tratamiento dio buen resultado. Al parecer, todo se trató de una picadura de un mosquito en algún momento cuando me bañé en una playa a las afueras de Bangkok.

¿AMPUTACIÓN DE TOBILLO?

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CONSEJO VIAJERO
Enrique & Mónica

El “problema” más grande que hemos tenido viajando como bloggers de viaje surgió de un insecto muy pequeño. Un diminuto mosquito picó a Enrique en la zona del tobillo durante su viaje a Tailandia, exactamente en Chiang Mai. Al llegar a Koh Phi Phi la picadura iba hinchándose e infectándose, tuvo que llamar al seguro para ver a que clínica tenia que ir, en la clínica hasta salió la palabra “amputation” al ver el color del tobillo, estaba color lila. Con una combinación de antibióticos vía pastillas, una pomada y un gotero al día durante tres días no fue a más y se solucionó, ya veis con que tonterías se puede estropear un gran viaje…

NO TE TOMES NI UN GOLPE A LA LIGERA

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EL VIAJE DE MI VIDA 
Sandra Candal

Llevaba años soñando con viajar a Cuba hasta tal punto que, cuando puede divisar la isla desde avión, me emocioné. Tras tres días increíbles en La Habana, me dirigí al pueblo de Viñales que se caracteriza por sus peculiares valles con mogotes, Patrimonio de la Humanidad, y unas preciosas casitas con porche de colores. Por la noche, el ambiente por sus calles es increíble: el poblado se llena de música. Tras cenar en la casa particular en la que me alojaba, pensé en unirme a la fiesta hasta que… ¡Tropecé, de la forma más estúpida que pueda haber, en la mismísima entrada de la casa! Se me torció el tobillo y el astrágalo (huesos del tarso, que está articulado con la tibia y el peroné) golpeó con tanta fuerza el asfalto que el estómago me dio un vuelco y no fui capaz ni de gritar del dolor.

Al cabo de 15 minutos allí sola en el suelo, me armé de valor para levantarme. Podía mover el pie, ya había tenido esguinces otras veces… Mis anfitriones se sorprendieron al verme regresar tan pronto. Les conté entonces lo ocurrido. Fueron a pedir a las casas de los alrededores hielo y vendajes y es que, el hospital más cercano estaba en Pinar del Río (a 35 km) por lo que esperaría a la mañana siguiente para ver cómo evolucionaba. Apenas pegué ojo esa noche pensando en que no podría seguir con este viaje tan deseado. A la mañana siguiente la inflamación parecía haber bajado así que hice…lo que nadie debería hacer: ¡seguí con mi viaje!. Durante mi última semana por Cuba, “traté mi lesión” lo mejor que pude sin dejar de visitar el país: me compré una tobillera, me tomaba mis antiinflamatorios e intentaba no forzar y mantener el pie en alto (mis gastos se incrementaron un poco por los bicitaxis, las calesas de caballos y los taxis pero yo feliz). Podía haber ido al hospital ya que tenía seguro de viaje pero me hice la valiente...hasta que cuando llegué a España, mi pie se puso azul y me diagnosticaron una fractura del maléolo del peroné. Lo acabé pagando caro con 2 meses de escayola y otros 2 de rehabilitación.

MAL DE ALTURA EN CHILE-BOLIVIA

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VIAJANDO IMÁGENES Y SENSACIONES
Sabela Montero

A pesar de haber leído sobre los síntomas del “mal de altura”, con otros bloggers de viaje, nunca imaginé que podría padecerla a 2.500 después de haber estado a altitudes mucho más elevadas. Esto me sucedió el verano del 2017 cuando llegué a San Pedro de Atacama (Chile). Ese mismo día comencé con dolores de cabeza y fatiga extrema. Las recomendaciones generales eran que masticase hoja de coca y bebiese mucho. Y eso hice. Con varios gramos de hojas, infusiones y muchas botellas de agua me adentré en las altas montañas (superando los 5.000 m) para llegar hasta Sucre. Esos días fueron duros, pero el paisaje me compensaba un poco el malestar e intentaba pensar que ya se me pasaría.

Antes de seguir camino a La Paz pensé en ir al médico para consultar si podría seguir más tiempo así o tendría que pensar en bajar de altitud. Para entonces tenía hormigueo en manos y cara, dificultad para respirar, dolores fuertes de cabeza, dificultad para hablar y mantener la verticalidad al caminar… Llamé al seguro y me dirigí a la clínica que me indicaron. Después de varias pruebas me dijeron que tenía que quedarme ingresada porque tenía líquido en el pulmón y otros síntomas claros de “mal de altura”. El caso es que decían que mi aseguradora no autorizaban el ingreso. Mi compañía decía que sí, que lo tenían tramitado, tanto el ingreso como todas las pruebas necesarias. Cinco horas más tarde la propietaria de la clínica me dice  que autoriza mi ingreso si yo me hago responsable económicamente de todos los gastos que surjan. Les dije que sí, sabía que aunque tuviese que adelantar el pago, luego me lo reembolsarían. Me tuvieron ingresada dos noches y me hicieron TACs y pruebas externas varias.

El caso es que yo me iba sintiendo peor con la medicación y por seguir en altitud, así que decidí bajar a Santa Cruz. El problema, que decían que no habían recibido la autorización y el coste del hospital era muy elevado y no aceptaban tarjeta y los cajeros solo me daban al día una cantidad que me haría permanecer tres días más en Sucre hasta saldar la deuda con la clínica. Por suerte la chica de la compañía de seguros se lo tomó como algo personal, y después de llamadas y trámites, por fin me dijeron que el seguro se hacía responsable. Cosa que yo sabía desde tres días atrás. La compañía me dijo que fuese a otro hospital en Santa Cruz, en donde me hicieron más pruebas y retiraron toda la medicación que estaba tomando.

Según ellos, lo que tenían que haber hecho en la clínica de Sucre era una evacuación inmediata. Mi nivel de sodio era bajísimo y estaba totalmente deshidratada. Tardé tres meses en recuperarme totalmente de este “mal de altura” al que no le di importancia. El coste total de todo este proceso hospitalario superó los 3.000€…

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the author

Nómada digital, reportero y travel blogger profesional con miles de kilómetros e historias de mochila a la espalda. Presentador de #FueraDeRuta en el programa TIPS de La2 de TVE y un amante del viaje y la aventura, ¿te vienes? ¡Sígueme en: Facebook , Instagram y Twitter!

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